Formación en empresas: la mejor forma de fidelizar el talento

La falta de tiempo para la consecución de objetivos, el actual estado del mercado español o la visión de esta inversión como un gasto son algunos de los motivos que frecuentemente se alegan desde las empresas para no invertir en formación. ¡Y no saben lo erradas que están!

Son muchos los motivos que hacen de la inversión en formación a nuestros empleados precisamente eso, una inversión. A veces, sobre todo cuando te encuentras en puestos de dirección, es difícil ver la formación como un gasto que tendrá un retorno, y más en una sociedad cada vez más cortoplacista como la occidental.

¿Qué pasa si el trabajador no aprovecha la formación? ¿Y si luego, con un buen máster pagado por nosotros, se va a nuestra competencia? ¿No será mejor abrir un proceso de selección y captar nuevo talento que ayude a actualizar a nuestra actual plantilla? Estas son tres preguntas tipo que puede escuchar un director o técnico en Recursos Humanos cuando plantea este tipo de inversiones. Bien, hoy trataremos de esclarecer estas dudas desde el expertise que tenemos en formaciones en empresa.

¿Qué pasa si el trabajador no aprovecha la formación?

Pocas veces nos encontramos con estos casos, si bien existen y es una problemática a analizar desde Recursos Humanos. No obstante, probablemente el empleado que no sea capaz de valorar este tipo de acciones difícilmente lo hará con cualquier campaña interna que realice la empresa. En estos casos, quizá la empresa requiere de medidas que resuelvan los errores en la selección de personas o la necesidad de buscar salidas a tiempo para el personal que no encaja en el proyecto. Porque la realidad es que, en su inmensa mayoría, el ser humano tiende a ser agradecido.

Podemos constatar que los empleados aprovechan bien y mucho su formación, ya que la ven como un reconocimiento a su trabajo y, a su vez, una apuesta por el desarrollo de su carrera profesional. Y cuando sentimos que nos tratan bien, damos lo mejor de nosotros mismos. Es decir, nuestra motivación aumenta. Y ya sabemos que no hay activo mejor para una empresa que un trabajador motivado y contento. La motivación mejora la productividad y, por ende, los beneficios de la empresa.

¿Y si luego, con un buen máster pagado por nosotros, se va a nuestra competencia?

Analicémoslo desde otro punto de vista. Imagina que eres una empresa B2B que comercializa ordenadores. Tienes un cliente puntual que se puede convertir, potencialmente, en uno continuado. Para ello, estimas que le puedes hacer un cierto descuento, que a ti te supone cierta inversión, con el objetivo de que finalmente se convierta en un deseado cliente continuado. ¿Te planteas que -igualmente aceptando este descuento- el cliente se pueda ir después a la competencia? Es probable, pero esta idea no se convierte en la piedra angular de la toma de decisión.

Con la formación para empleados pasa exactamente lo mismo. ¿Puede pasar? Claro, pero la gran mayoría de las veces las personas devolvemos lo que recibimos. Por ello, debemos ver el marco entero y analizar todas las variables posibles. Entendemos que esta duda nunca debe ser la razón que nos haga desechar la formación a nuestros empleados. Además, como comentamos, esta apuesta por ellos los va a hacer siempre más receptivos y proclives a continuar su trayectoria profesional en la empresa que apuesta por ellos.

¿No será mejor abrir un proceso de selección y captar nuevo talento que ayude a actualizar a nuestra actual plantilla?

Aquí ya hablamos de temas diferentes. Es evidente que, con los continuos cambios que sufre el mercado, la captación de nuevo talento es básico para ser una empresa del siglo XXI. Pero algo que olvidamos es que estos nuevos empleados suelen desconocer el “saber hacer” de la compañía, es decir, el modo de entender y afrontar los retos y objetivos que surjan en el día a día.

Esta filosofía empresarial, en muchas ocasiones, bebe y nace del saber hacer de sus empleados, de los que han contribuido a crear, desarrollar y potenciar su historia de valor. Es necesario que, estos empleados, también se actualicen y conozcan las nuevas realidades del mercado. Por ello es básico apostar por las dos vías: la adquisición de nuevo talento y la potenciación del talento ya presente en la empresa.

Finalmente, nos gustaría resaltar cuatro beneficios básicos de la inversión en formación:

  1. Fortalece el compromiso del trabajador con la empresa. El empleado será consciente de la apuesta que hace por él su empresa y, por tanto, reduce las posibilidades de que el trabajador deje la empresa.
  2. Motiva a los empleados. Y esto tiene un resultado muy positivo: mejora su productividad.
  3. Porque es una inversión que mejora los procesos de la empresa. El trabajador aplicará la formación en su día a día, y podrá detectar nuevas vías de mejora que hasta ahora no detectaba, tanto en él como en sus compañeros.
  4. En general, para mostrarle a tus empleados y a la sociedad que eres una empresa del siglo XXI, que apuesta por sus trabajadores y piensa en su futuro no solo en términos económicos.

Para finalizar, podríamos resumir que la inversión en formación crea mejores trabajadores, más felices y más comprometidos. Si aún estás dudando en aprovechar el potencial de tus empleados… esperamos haberte convencido de lo contrario. En próximas semanas compartiremos con vosotros otra dualidad de la formación en empresas: la formación in situ, o como es más conocida, la formación in company.

Xoaquín Iglesias

Departamento de Marketing de Galicia Business School.

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